Sin sacrificio no hay victoria es el lema de la familia Witwicky en la película de transformes, bandera de la familia del protagonista cuyo abuelo había sido el primero en explorar el polo norte.
Esta frase despierta aquel soldado que cada uno de nosotros lleva dentro y que debe sacar a flote en cada situación en busca de la victoria. Es una frase con mucha fuerza que hace ensanchar el pecho y alistar la mente para acometer nuestra incesante lucha por nuestros objetivos.
Sin sacrificio no hay victoria nos recuerda que la mayoría de veces debemos dar mucho más de nosotros mismos para conseguir nuestros objetivos. Las grandes metas exigen que tengamos que invertir en ellas muchas horas de trabajo, leer e investigar hasta el cansancio, sacrificar ocio y diversión, sacrificar horas destinadas a la familia, hijos y mujer, etc.
La capacidad de sacrificio en pro de un objetivo puede marcar la diferencia entre lograrlo o no y esta capacidad no la tienen todas las personas. Se requiere mucha entrega y valor, mucha fuerza espiritual.
En contraprestación de este sacrificio podemos obtener la victoria. Victoria que puede estar representada en múltiples formas, la más importante de ellas, lograr nuestro objetivo o meta trazada.
Y aun cuando no logremos ese objetivo siempre seremos ganadores de habilidades, destreza y experiencia adquirida durante el tiempo invertido y cuanto más luchemos por nuestras metas, mayores probabilidades tendremos de obtenerlas.
Este lema puede servirnos de motor para no perder el interés por las cosas que queremos, para no tirar la toalla o desfallecer. Para ver en cada derrota un avance para la siguiente lucha y para comenzar a dar los primeros pasos en busca de aquello que siempre hemos deseado o aquellos planes que tenemos en el tintero y que no somos capaces de iniciar simplemente por falta de tenacidad.
Este lema sirve para ayudarnos a combatir las excusas de NO TENER TIEMPO, una respuesta muy común para no ir en búsqueda de nuestros anhelos. Para combatir la pereza o nuestra resignación a seguir como estamos. Para luchar contra el desaliento y las desavenencias de la vida o para darnos ánimos a nosotros mismos cuando las condiciones nos sean adversas.
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